A Olivia hay que saberla llevar.
Es decir, hay que saber dejarse llevar por ella.
Es muy difícil "hacerla" hacer nada. Ni siquiera que salude, o que dé un beso. Da besos, pocos, con una gran sonrisa y con ruido, como un gran regalo, cuando ella quiere; en general cuando se siente muy pero muy feliz. Les da besos a sus muñecos, a una colchoneta con la que se está divirtiendo mucho, a su primita Camila y a veces, muy afortunadamente, a mamá o a algún otro adulto. Saluda, pero cuando es ella quien quiere despedirse. "Tau papito" quiere decir "me voy a dormir con mamá", e incluye "tau silla, tau gatito, tau piso" y todo lo que vamos dejando atrás hasta llegar a la cama. También puede querer decir "dejame sola", "sacá esa canción" ("tau Batata": sacá la Reina Batata) o "llevate eso". Mira algo y le dice "tau", moviendo su manito como el mejor entrenado de los bebés, pero ese algo puede ser el tío que acaba de llegar o una comida que no le gusta.
No acepta de ninguna manera que nadie le diga qué ser, mucho menos cómo ser. A Olivia hay que acompañarla a que sea.
Durante muchos meses me preocupé por cómo ser la mamá de Olivia. Pregunté, leí, investigué. Después la miré, y descubrí que para verla tenía que mirar con cuidado, sin ruido, concentrada. Sobre todo, tenía que tirar las expectativas y el reloj a la basura. Si uno quiere ser con Olivia, el reloj tiene que ir a la basura.
Olivia pide ir a la hamaca, y en el camino hacia la hamaca hay mil estaciones emocionantes. Si uno se concentra en el objetivo aparente, se las pierde todas.
En el camino hacia la hamaca hay un pañal para cambiarse jugando a pegar y despegar tiritas y pasarse "olio", hay muchas remeras con perritos y gatitos y vestidos de colores para elegir en el placard, algunos menos lindos pero mucho más agradables de sentir en la piel que otros que quedan preciosos, hay olores, hay juguetes, hay cajones, hay cubiertos, hay música, hay ideas ("tatán": bailemos; "tetanoni": acostémonos un ratito a tomar la teta; "fasalda": leamos Mafalda), hay zapatos de mamá y remeras de papá para probarse, hay agua para nombrar y no tomar, hay una silla para treparse a una mesa llena de cosas para agarrar... El mundo está lleno de puertas que se abren hacia caminos inciertos, seguramente con destino en otras puertas más.
Háblenme de estimular a un chico mientras yo me pregunto a qué edad dejamos de sentir que el mundo era todo un gran estímulo en sí mismo. Pregúntenme quién tiene tanta paciencia y tanto tiempo a disposición, mientras yo me pregunto a mí misma si tengo realmente algo más importante que hacer en la vida que acompañar ese viaje de descubrimiento y construcción de un ser humano. Pero de verdad.
Eventualmente se terminará-o no- bajando a la hamaca, pero a quién le importa eso.
A quién le importa, pudiendo vivir aunque sea un rato sumergida en el tiempo sin tiempo que es el mundo de Olivia Batia.

Qué hermosura, Ana, Olivia!!!!
ResponderEliminar