viernes, 7 de septiembre de 2012

Rutina laboral


Lunes: me quedo a trabajar en casa, encerrada en el dormitorio (el ínfimo estudio cruza de cuarto del hijo de mi marido con estudio musical lleno de instrumentos con depósito de cajas y papeles, libros, y carpetas, no es una opción). Cada 20/25 minutos al otro lado de la puerta se escucha “mamá”. Todas las veces contesto y le pido a Angie que le abra (no voy a dejarle la puerta cerrada en la cara a mi propia hija, Dios no permita), Olivia entra corriendo, me pide upa, manotea la notebook invocando a la “abui” (la abuela, mi madre, que la deja tocar el mouse, golpear el teclado y básicamente reventar su computadora), me pide teta, camina por toda la cama y finalmente Angie tiene que sacarla casi llorando. Veinte minutos después, al otro lado de la puerta, vuelve a oírse: “mamá”… Y así. 
Angie: “y sí, ella está tranquila, pero como sabe que estás acá, viste…”

Martes: me voy a trabajar al bar. Al mediodía siento hambre, culpa y nostalgia. Vuelvo justo cuando Olivia estaba sentada en su sillita a punto de comer. Olivia me ve y enloquece, no sabemos si de júbilo o de locura nomás, me tira los bracitos, pide teta, Angie le interesa menos que nada y la comida menos que Angie. La escena termina en llanto, teta y Olivia que no come. 
Angie: “siempre come bárbaro, pero como llegaste justo…”

Miércoles: desde el bar, le mando un mensajito a Angie: “avisame cuando terminó de comer y voy”. Respuesta: “ella come a la una”. Espeeero… espeeero… me muero de hambre y de ganas de ver a Olivia, pero sé que tendré que seguir trabajando cuando llegue así que mejor no irritar los ánimos. A las dos de la tarde pienso que fue tiempo suficiente, vuelvo a casa. Entro. Silencio y vacío. La puerta del cuarto de Olivia cerrada. Sigilosamente dejo mis cosas y pretendo servirme el almuerzo cuando aparece Angie desde el cuarto seguida de Olivia que viene al grito de “mamáááá”. ¿No estaba durmiendo? 
Angie: “estaba justo justo por dormir, pero te escuchó la llave en la puerta y ya no se durmió”.

Jueves: Desde el bar, le mando mensaje a Angie: “avisame cuando ya se haya dormido”. 
Angie: “la acabás de despertar con el mensaje”.

Viernes: Me quedo en casa todo el día y me importa un choto si Angie se las ve negras para que yo pueda trabajar, Olivia coma, duerma la siesta y baile el vals. Por suerte mañana es sábado y desde las siete de la mañana que me ocupo yo. 

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