Olivia duerme con su pañalito hinchado, los bracitos extendidos a los lados, las piernitas semiflexionadas hacia los costados. Su mejilla parece aún más redondita porque siempre duerme de perfil. Sus pestañitas largas y oscuras no se mueven. Su boquita redondita tampoco. Está entregada al sueño, a la luz, al viaje. Es pura paz blanca.
Olivia no duerme, flota. Yo no me animo ni a besarla por miedo a ensuciar su vuelo.
Y me pregunto cómo se puede amar así.
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